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Opinión

  • | 2019/10/16 00:01

    Aplaudo el mensaje; no tanto la mensajera

    Debo confesar que respecto a la adolescente sueca, Greta Thumberg, tengo sentimientos encontrados: por una parte me parece que el mensaje de la sueca es importante y todo esfuerzo que ayude a disminuir la contaminación y preservar el medioambiente a nivel mundial, merece respaldo.

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El mundo requiere con urgencia despecharse de los combustibles fósiles y reemplazarlos por energía solar, eólica y biocombustibles. Pero lo que no comparto es que la vocera de dicho cambio, la mensajera, sea una menor de 16 años. Gustavo Duncan, en su columna del 27 de diciembre en el diario El País, lo expresa con claridad: “Greta en cambio ha salido al debate mundial a los 16 años en un escenario muy distinto a la actuación, la música o el deporte, en que los niños no son objetos de ataques directos. La política, en cambio, es por esencia un escenario donde sus protagonistas son el objetivo explícito…Por eso, apoyarse en menores como Greta para hacer política es infame y un chantaje porque exige al contradictor atacar a alguien vulnerable. Si se legitima su uso pronto nos encontraremos casos como adolescentes y niños liderando un discurso furioso contra el aborto, por solo poner un ejemplo. ¿Se sentirían cómodas las feministas con un contradictor político así?”. Adicionalmente el tono de las advertencias perentorias de Greta, muy común en los “Profetas del Desastre”, usualmente tiene resultados diferentes a los que se busca. Dichos “Profetas”, comenzando por el reverendo Malthus, pasando por el nefando “Club de Roma”, y cerrando con el chisgarabis de Paul Ehrlich, generan bastante más ruido que acción, y casi nunca atinan en sus apocalípticas predicciones. 

Suecia, la patria natal de Greta, es un país interesante, ambientalmente hablando, dado que no produce toda la basura que necesita para generar energía y tiene que importar 800.000 toneladas de basura al año del resto del continente. Según reciente informe, “cada sueco produce de media, aproximadamente, una tonelada de basura por hogar y año. La media europea es de 6 toneladas por persona y año. Solo un 4 % de los residuos de los ciudadanos suecos acaban en un vertedero. El resto se incinera para producir energía. La incineración de basura permite disfrutar de calefacción a casi un millón de hogares suecos, aproximadamente, el 20 % del total. Con el metano producido a partir de los desechos, se crea calor y, mediante el bombeo de agua caliente a las cañerías, se calientan edificios residenciales y comerciales en las ciudades. También proporciona electricidad para 250.000 viviendas.” El principal proveedor de basura es Noruega, que le paga a su vecino por llevarse sus residuos. Lo que no está claro es si entre la basura que Noruega busca exportar está incuido el Comité Noruego del Nobel, entidad según algunos medios, tan enlodada por la corrupción, que se puede considerar desechable.

Suecia entendió que para conseguir sus propósitos ambientales y avanzar hacia la sostenibilidad y la ecología, era necesario reformar su sistema fiscal. La nueva fiscalidad sueca elaboró leyes e implantó tasas a todas las actividades contaminantes:

  • Les aplicó un “bono malo” a los automóviles.
  • Restringió el uso de abonos no orgánicos en la agricultura.
  • Aplicó una tasa para los atascos de automóviles.
  • Aplicó una tasa sobre la energía no renovable.
  • Elaboró y aplicó una normativa térmica de edificios.
  • Prohibió verter residuos en vertederos.
  • Certificó las energías renovables.
  • Y aplicó una tasa “carbono” (impuesto sobre emisiones a tanto la tonelada de CO2).

No somos Suecia, ni conviene hacer copy paste de su modelo ambiental. Pero que en Colombia se pueden rescatar y aplicar muchas de las fórmulas e incentivos que han tenido éxito, no cabe duda.

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