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| 8/2/2018 12:01:00 AM

La herencia que recibe Duque

A partir del próximo 7 de agosto, Iván Duque Márquez será el nuevo Presidente de Colombia y tendrá que enfrentar no solo innumerables retos para sacar adelante sus propuestas de gobierno, sino también recibirá como herencia varios temas pendientes que coparán gran parte de sus esfuerzos.

Aunque el panorama en la economía es mucho más favorable que el de hace apenas un año, Duque tendrá que ajustar las cargas en materia fiscal y de gasto.

Todo indica que las prioridades del próximo gobierno en materia de reformas iniciales pasarán por una tributaria que enfrente los desafíos fiscales que vienen y una pensional para buscar más equidad y mayor cobertura. Estas reformas serán un mensaje claro para los mercados internacionales y las calificadoras del interés de la administración Duque por hacer las reformas que se requieren, máxime cuando hace apenas unos pocos meses fue flexibilizada la regla fiscal.

La agenda de ‘chicharrones’ que tendrá el gobierno que entra es muy amplia y diversa: desde solucionar temas específicos como Electricaribe o darles trámite a casos emblemáticos como Ruta del Sol II y facilitar los cierres financieros de más de una docena de proyectos de 4G, también tendrá que buscar recursos y definir la estrategia para atender la deuda acumulada de cerca de $8 billones en salud y de $7 billones para mantener los planes de vivienda, en especial la social, con los subsidios a la tasa y a la cuota. Deberá sacar adelante en el Congreso la Ley de Tierras y, aunque no habrá nuevos tratados de libre comercio, uno de los retos es hacer más eficiente la operación logística. Y deberá jugar un papel fundamental para que las empresas se suban en el bus de la productividad que ha estado frenado por años.

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Sin embargo, más allá de su agenda de corto plazo, de la forma en que enfrentará los problemas pendientes y de, incluso, las dificultades jurídicas que enfrenta el expresidente y senador Álvaro Uribe –líder del Centro Democrático–, el país estará expectante de Plan Nacional de Desarrollo de Duque para que, más allá de las líneas que dé en los diferentes sectores, comunique sus prioridades de lo que será su legado. Así como para la administración Uribe fue la seguridad democrática; o para Santos la construcción de la paz, Duque tendrá que alinear sus intereses y definir claramente el foco de su estrategia.

Y uno de sus mantras tras el triunfo en las elecciones del pasado 17 de junio ha sido el de unir al país. “Voy a entregar todas, absolutamente todas mis energías por unir a nuestro país. ¡No más divisiones, pensemos en un país con todos y para todos!”, dice un trino fijado en su cuenta de Twitter desde el momento en que fue elegido.

Es un mensaje importante para el país tras las elecciones pasadas, en las que el centro tuvo una votación importante, pero en la segunda vuelta el país volvió a quedar dividido.

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Sin duda, uno de los grandes valores de la democracia es su capacidad de polemizar, disentir y tener una oposición organizada y que argumenta. Pero uno de los grandes problemas ha sido la polarización y división tan radical que vive el país. Ello ha derivado en una enorme corriente de contradictores que le han empezado a hacer control político a un gobierno que ni siquiera se ha posesionado. Esto basta para entender que Duque recibirá críticas de todo tipo.

Por ende, tal vez el reto más importante para el nuevo presidente a la hora de unir al país es cómo avanzar en el combate contra la pobreza, que, aunque se ha venido reduciendo en las últimas décadas, todavía representa cerca de una tercera parte de la población. Se necesita una estrategia adecuada para sacar cada vez más gente de allí, con un futuro sostenible y una mejor calidad de vida de los hogares.

También el nuevo gobierno tendrá que hacer un gran esfuerzo en cumplir las expectativas en áreas como salud, educación y oportunidades laborales y profesionales de una clase media creciente, pero amenazada ante las dificultades de los programas, la estrechez del presupuesto y los alcances de los proyectos.

Pero, sobre todo, tendrá que trabajar intensamente en disminuir la desigualdad, indicador en el que Colombia tiene una de las cifras más altas en el mundo: según el coeficiente Gini en la década de 1990 y de 2000 para el país fue de 0,56, y entre 2010 y 2016 llegó a 0,517.

Esta tarea la tendrá que hacer con un presupuesto limitado y los mayores índices de corrupción conocidos en la historia reciente del país. No será una tarea fácil, pero, si lo logra, será su legado más importante.

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