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Opinión

  • | 2019/10/08 00:01

    Unos talleres de empatía no le vendrían mal a Colombia

    Nuestro trastornado país podría beneficiarse mucho de un poco más de empatía en varios niveles. Las ominosas escenas de niños comiendo basura en Puerto Carreño deberían recordarnos las consecuencias de que no nos importe el sufrimiento de los demás. Esta es una propuesta para que estructuralmente pensemos y hagamos más por los otros, en un país que lo necesita.

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Como lo dice Ricardo Silva, aquí se volvió tradición construir sobre lo destruido. Y pienso que tanto atropello en tantos niveles viene, en parte, de estar tan obsesionados con nosotros mismos mientras los demás “están llevados”. Cuando terminemos llevados nosotros, quizá nos acordemos de la situación. Miren las calles de nuestras ciudades. Inclusive en los sectores más favorecidos, el picoteado y trozado pavimiento nos muestra que mientras nos escondamos en nuestros fortines de la comodidad, la tenebrosa realidad de afuera seguirá. 

Es hora de hacer más por la empatía como base de cambio de una sociedad enferma. Hagamos primero un corto análisis de lo que implica la empatía, para luego entrar en propuestas concretas que nos sirven a todos.

La psicología y la filosofía de la empatía

Para el psiquiatra Neel Burton, la empatía es la habilidad de reconocer y compartir las emociones de otros, así sea una persona real o fictiva. No se trata de ponerse en el sitio del otro y ya, sino de imaginarlo activamente, y ojalá, sentir lo que siente. Empatía no es igual a sentir pesar, pero sí se conecta con la compasión, y como lo dice Burton, con la trascendencia de una experiencia.

En su época optimista, Adam Smith habló de simpatía, refiriéndose a la empatía en la Teoría de Sentimientos Morales (1759). Luego se dio cuenta de que ella no movía el mundo. Y bien, si le preguntamos a los psicólogos, se puede decir que hay dos tipos de empatía, de respuesta cognitiva o emocional. La primera es una habilidad para percibir y entender lo que sienten otros. La emocional en cambio, implica sentir lo mismo que la otra persona e inclusive llegar a incomodarse o moverse internamente por aquello que sucede a los demás. Un artículo de Lesley University sostiene que la empatía no se reduce cuando envejecemos. También cita el trabajo del Greater Good Science Center, que ve a la empatía como clave para relaciones sociales exitosas, pues nos sirve para entender perspectivas, necesidades e intenciones de otros.  

En Colombia, el trabajo de grado de Nidia Gracia Sánchez encuentra que el entrenamiento en habilidades sociales, como la empatía, impacta positivamente los procesos de socialización y expresión de emociones en niños. Y así, hay numerosos estudios y miles de experiencias, que pueden ayudar a sanar muchas heridas de un país definido por la extraña función de la violencia.

Si se vieron la película del Joker, quizá se despertó una mezcla entre nostalgia, preocupación social y esperanza confundida. Para el neurocientífico Bobby Azarian, la película no necesariamente incita a la violencia, sino que la puede mitigar gracias a la discusión que despierta. En su primera parte, se percibe una fría sociedad con poca empatía, detrás de la cual hay un mensaje implícito de lo costoso que es para un colectivo cuando impera la indiferencia.

Pensemos ahora, como lo formuló Kant en su imperativo categórico en Grundlegung zur Metaphysik der Sitten (1785), que tenemos unos deberes morales universales. Su imperativo práctico, unas líneas más adelante, nos decía que debemos ver a la humanidad en nuestra propia persona, nunca como medio, sino como fin. Y así, creo que una sociedad como la colombiana tiene una deuda enorme con la empatía, tal y como hizo el llamado Ricardo Silva en 2018: favor volver a la empatía.

Cómo podemos fomentar la empatía en la práctica

La práctica de la empatía se puede lograr con actividades en el colegio y la universidad, pero también se debe seguir fomentando en empresas y entidades estatales. Hay propuestas como las de The Empathy Initiative, StartEmpathy, y demás organizaciones que crean talleres, aunque a veces me parecen algo teóricos e idealistas. Para lograr empatía creo que debemos ser un poco más contundentes. Aquí les presento dos ejemplos.

  • Usar los sentimientos cercanos a su propia familia. Cuando alguien ve a otro en una situación difícil, una técnica que puede servir es narrarse a sí mismo la misma situación, reemplazando al desconocido con una persona cercana.
  • Simular experiencias difíciles y rápidas. Un ejemplo es ver cómo una persona recibe presión social y sus consecuencias, pasando inmediatamente frente a un grupo a experimentar exactamente lo mismo, escribiendo luego lo que se sintió al ser increpado, abucheado y presionado. Así lo viven a diario bastantes personas, algunas en físico, otros en lo digital.

A veces, el primer y más sencillo paso hacia la empatía es simplemente querer escuchar, pero no tenemos tiempo. Es quizá muy idealista pensar que Colombia tendrá empatía en algún momento, pero las organizaciones y las familias deben fungir como un foco de cambio, de lo contrario seguiremos exactamente en lo mismo. Las universidades pueden contribuir mucho en esto, ayudando a otras organizaciones en talleres realistas, prácticos y ‘duros’ sobre la empatía. A manera de ejemplo, recomiendo que no teoricemos tanto sobre el “servicio al cliente”, porque este se mejora con estrategia y empatía. 

La polarización, una destructiva tendencia que construye éxitos para pocos, aparece como un implícito antónimo de la empatía. Es cuestión de dedicarle algo de tiempo y conciencia, el mismo que desperdiciamos a diario en artificiales interacciones en redes sociales.

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