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Opinión

  • | 2019/04/30 00:01

    Presidente Trump: no nos regañe más

    El presidente de los Estados Unidos se equivoca al señalarnos de incumplir con los compromisos pactados. El asunto es también de responsabilidad compartida.

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El líder de la Unión Americana nos califica de incumplir con los compromisos pactados…veamos quién realmente ha incumplido.

El cambio climático y la degradación del ambiente son actualmente más allá de un simple problema que debe estar en la mente de ecologistas y ambientalistas, una amenaza para la seguridad nacional, particularmente para un Estado como el colombiano, pues el país es altamente vulnerable en estas dos áreas. Nuestra ubicación geográfica junto con sus seis regiones naturales, las tres cordilleras andinas y las extensas zonas costeras hacen que Colombia sea más vulnerable que la mayoría de países del mundo al cambio climático. Así lo confirman varias mediciones, queriendo hacer en esta ocasión alusión a la del HSBC (Hongkong and Shanghai Banking Corporation) que en su más reciente edición ubicó a Colombia en el puesto 7° de todo el mundo, siendo a nivel latinoamericano el más expuesto. En materia ambiental, en las ciudades capitales padecemos de altos niveles de contaminación (ya descritos en columnas anteriores), y de fantasmas como la deforestación. 

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Desde 1990 hasta 2019 se han deforestado casi 7 millones de hectáreas de acuerdo con datos del Ideam y el MADS. Para que usted como lector haga un análisis, esta cifra es muy superior a la suma del área de Nueva York, París, Londres, Tokio y Ciudad de México juntas. Para combatir la deforestación, el Gobierno nacional ha desarrollado desde hace años distintas iniciativas que, si bien han ayudado a que el problema no sea aun mayor, no han tenido el éxito que se preveía. Las Instituciones del Sina (Sistema Nacional Ambiental) aún no han sido capaces de eliminar el problema, en parte también por la escasez de presupuesto que históricamente les ha sido asignado.

Por citar dos ejemplos, de manera somera, tenemos programas como el de familias guardabosques, el cual pretendía (entre otros fines) que mediante la erradicación manual de cultivos ilícitos estos dejaran de poner en peligro nuestros ecosistemas. Uno muy ambicioso, Visión Amazonía, que tenía como meta reducir a cero la deforestación en esta zona del país para el año 2020 tampoco ha podido cumplir con los loables objetivos propuestos inicialmente, pues cada vez estamos más lejos de cumplir esa meta.

Internacionalmente, otros países han acudido a sus ejércitos para hacer frente a estas dos problemáticas. El Pentágono en 2014 advirtió que el cambio climático es un asunto de seguridad nacional, pues genera un riesgo inmediato para los Estados Unidos. Huracanes como el Katrina así lo confirman. También la más reciente migración de hondureños, guatemaltecos y salvadoreños que tenía como meta llegar a los Estados Unidos (una cruzada demencial, que inició en redes sociales), en su mayoría era realizada por campesinos, que por culpa de fenómenos climáticos extremos perdieron sus cultivos, quedándose sin con qué comer y sin con qué vivir. No son criminales, como recientemente los calificaba el presidente Trump; son en su mayoría agricultores que lo perdieron todo y junto con sus familias tenían que subsistir. El cambio climático también genera inseguridad alimentaria y pobreza.

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Junto con los hondureños, guatemaltecos y salvadoreños el presidente Trump también mencionó a los colombianos, diciendo además que nuestro Gobierno no estaba haciendo lo suficiente para contrarrestar los cultivos ilícitos. Nada más alejado de la verdad, pues históricamente el país ha luchado contra las drogas, dejando como saldo miles de muertos por esta causa. Quizás unos gobiernos han sido más exitosos que otros, pero la guerra al narcotráfico siempre ha sido fundamental como política de Estado.

El reciente asesinato de líderes sociales se debe en buena parte a que estos quieren preservar los bosques, así como los ecosistemas y la biodiversidad que en ellos habita. Ellos defienden a sus comunidades en lugares donde el Estado apenas llega. Claramente estrategias como familias guardabosques no son suficientes para solucionar el problema por lo que el Ejército, al igual que en otros países puede ayudar a solucionar el problema.

La operación Artemisa, liderada por el Gobierno nacional, pretende defender territorios como el Parque Natural de Chiribiquete, Los Picachos, la Tinigua y la Macarena de manos delincuenciales. Esta es una buena medida, quedando aún una enorme tarea por delante. Por primera vez en la historia del país se ha incluido en la política nacional de defensa y seguridad la protección del ambiente como eje fundamental de la misma.

Judicialmente aún existe un vacío normativo muy grande en torno al tema. Es entonces deber del Legislativo endurecer las penas a todos aquellos autores materiales e intelectuales de los delitos ambientales. Como sugerencia propongo la creación de un capítulo especial del Código Penal que de penas ejemplarizantes para los autores de este tipo de delitos. Esta normatividad debe no solamente abarcar los delitos cometidos en las selvas del país, sino también los que ocurren día tras día en ciudades como Bogotá, donde empresas de manera inescrupulosa contaminan el aire llevándose con ello la salud y la vida de miles de personas.

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Ahora bien, el país esta siendo castigado, no solo por las declaraciones del presidente Trump, que nos deja muy mal parados frente a la comunidad internacional, sino también por la salida de los Estados Unidos del Acuerdo de París. Al ser Estados Unidos uno de los países más contaminantes del planeta, la menor reducción de gases de efecto invernadero afecta a países con altos niveles de vulnerabilidad en materia climática como Colombia. El regaño entonces también debe ir a la inversa. Presidente Trump: su salida del Acuerdo de París afecta a Colombia casi tanto como el narcotráfico. Por favor, menos discurso y más responsabilidad compartida.

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