Opinión

  • | 2018/07/19 00:01

    El mercado laboral gana con la sostenibilidad

    He desarrollado una obsesión profesional por un tema que puede ser muy etéreo para un gerente o un empresario clásico, pero no para los líderes empresariales que necesitamos para el futuro. Transformar los hábitos de producción y consumo en el mercado para hacerlos más sostenibles y eficientes, es algo más que un trabajo: es una causa y en ocasiones, hasta un hobby para los que trabajamos en ello.

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Del dicho al hecho

Me cuesta entender por qué para muchos el éxito es un concepto tan cortoplacista fundamentado en la máxima del “carro-casa-beca”. Junto con mis colegas, buscamos comprender por qué todavía hay empresas que solamente han pensado en extraer recursos, producir, vender y ganar dinero sin ponderar los impactos ambientales y sociales que se pueden generar al querer lograr esa meta.

Promover la sostenibilidad en el mercado es un reto por varias razones. Por un lado, depende tanto de la oferta de más productos y servicios sostenibles (desarrollados por emprendedores y negocios verdes), como de condiciones de mercado y políticas públicas que generen contextos para ejercer la sostenibilidad en los estilos de vida de las personas. Por otra, aunque la responsabilidad que tenemos de conservar el medio ambiente es de todos, pareciera que nadie la asume como propia. Y al final, estamos pidiendo que las soluciones vengan por parte del gobierno sin darnos cuenta de que muchas de las soluciones están en nuestras propias conductas.  En otras palabras, a pesar de que existe la necesidad de conservar nuestro medio ambiente, ésta yace en un limbo del cual muy pocos se ocupan y preocupan. La crisis medioambiental es muy aguda y por eso necesitamos afrontarla con acciones.

¿Por qué trabajar en el mundo de los negocios sostenibles?

Ser idealistas es algo que nos caracteriza a los que trabajamos para lograr hacer de nuestro entorno, uno más sostenible y conservado. Creemos y estamos convencidos de que es posible cambiar el mundo con pequeñas y con grandes acciones. Soñamos con que más pronto que tarde, la generación de empresarios conscientes sea mayor que la de aquellos que siguen encaminados en hacer las cosas como se han venido haciendo siempre. Estamos convencidos de que seremos más los que pensamos que trabajar o hacer empresa no se trata únicamente de hacer dinero, sino que es posible hacerlo, haciendo el bien, cuidando y protegiendo nuestros recursos naturales. Nos imaginamos un mundo en donde sus habitantes puedan satisfacer sus necesidades sin tener que explotar y malgastar las riquezas que nos ofrecen los ecosistemas.

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Si, todas estas motivaciones constituyen un gran punto de partida para quienes tenemos interés en este tema. Son a la vez manifiestos que nos invitan a seguir trabajando y a profundizar en el conocimiento de la diversidad de variables que condensan lo que la teoría llama “el balance entre lo ambiental, lo social y lo económico”. De esta manera, el idealismo con el que trabajamos se puede describir como:

  • Gratificante pero complejo: Y lo es. No hay algo que genere más satisfacción que regresar a casa sabiendo que con una charla, una asesoría o con el mismo ejemplo, se está educando y generando conciencia sobre temas que como ciudadanos y consumidores damos por hecho y que por lo tanto nos hacen indiferentes. Esto genera satisfacción a pesar de que sea algo muy complejo debido a todas las variables que inciden en la búsqueda de la fórmula perfecta (aquella que en últimas no existe).
  • Frustrante pero inspirador: Cuando se trabaja en el campo de la sostenibilidad pareciera que no pasara nada o que los cambios en la sociedad estuvieran demasiado alejados en el tiempo. Hay que llenarse de paciencia para poder evidenciar cambios reales en los imaginarios y hábitos de las personas.

Alguna vez alguien me dijo que si queremos lograr una sociedad en donde se pueda afirmar que existen consumidores y empresas sostenibles, lo más posible es que debamos esperar hasta el año 2050 para presenciarlo. Cuando escuché esto, sentí un desasosiego muy intenso y un sentimiento de impotencia al darme cuenta que mi energía y mis esfuerzos como profesional no generaban un resultado tangible y sobre todo, estructural. Fue entonces cuando aquella persona me lo explicó de tal manera que logré entender por qué el 2050 podría ser el año mágico:

quienes habitamos el planeta hoy, en el año 2010, tenemos hábitos de consumo definidos y muy alineados hacia prácticas de sobreconsumo. Nuestra cosmovisión, planes de vida y los sistemas de producción, tal y como los conocemos hoy, giran en muchas de nuestras sociedades, alrededor del paradigma de la posesión y la acumulación de los productos materiales. Es por ello, que por más que queramos ser consumidores sostenibles, a la fecha, siempre habrá algo que limite nuestro deseo por conseguir tal satisfacción que solo se sacia con el consumo desmedido.

No obstante, el tener un cierto nivel de conciencia sobre un cambio de nuestros hábitos de consumo y al mismo tiempo, el cambio paulatino de los modelos de negocio y formas de producción de las empresas (debido a la escasez de los recursos y a la inestabilidad de los precios), permitirá que tanto el ejemplo que le inculquemos a nuestros hijos y nietos, ciudadanos adultos para el año 2050, como las posibilidades técnicas y sistémicas, genere en ellos no solamente el chip de querer ser sostenibles, sino también les brinde la posibilidad de serlo”.

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Estas palabras me hicieron reflexionar que si bien es posible generar victorias tempranas y resultados inmediatos que conlleven a la generación de conciencia y al cambio de nuestros patrones de consumo y de producción, en la gran mayoría de los casos, los resultados en masa parecerán invisibles si todos no ponemos de nuestra parte. Para la sostenibilidad definitivamente aplica el dicho que dice que “una golondrina no hace verano”. Aquí necesitamos a todas las golondrinas juntas porque el mundo de hoy demanda acciones en masa.

Incidir en la generación de cambios en los estilos de vida de las personas empieza a ser un reto técnico, más que una actividad netamente inspiracional. Impregnar cada acción y cada mensaje con un grado de estrategia, es lo que permitirá que todo aquel que aún no entienda lo que es la sostenibilidad, se interese, se convenza y se motive a poner de su parte.

Necesitamos más pedagogía, ejemplos, casos exitosos y comunicación para que tanto empresarios, consumidores, políticos y académicos hagamos de la sostenibilidad el gran enjambre de aves de este verano cada vez más caliente. Alcanzar el sueño de la sostenibilidad es un reto de todos, en donde estoy convencido de que todos lograremos alcanzarla.

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