Opinión

  • | 2018/06/21 00:01

    Conviértete en un innovador en tu trabajo: Aquí te digo cómo

    La verdadera y más contundente realidad empresarial es que pasamos de la economía industrial a la economía de las ideas. Lo insólito es que seguimos trabajando igual.

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Hace poco me llamó la atención un dato simple pero revelador: hace 10 años las empresas más grandes de los Estados Unidos eran Exxon, General Motors, General Electric, Microsoft y Johnson & Johnson. Este listado cambió radicalmente y las empresas que encabezan esta clasificación son muy distintas a las mencionadas. Hoy vemos que las empresas más grandes de los Estados Unidos son Amazon, Apple, Facebook, Google y Microsoft.

Los dos verbos de la innovación

La innovación requiere conjugar dos verbos: querer y poder. Por un lado, las personas deben estar motivadas, querer la innovación y, en especial, reconocer que el camino que recorrerán será arduo, difícil, poco transitado y, pese a ello, persistir y mantener el deseo de innovar.

La innovación debe contar con un ambiente organizacional para poder innovar de tal forma que sea menos complejo y, sobre todo, existan los incentivos para crear e inventar. Por ejemplo, si alguien trabaja en un nuevo producto, lleva mucho tiempo desarrollándolo y cuando lo da a conocer se encuentra con respuestas como: “esto irá a comité” o “le pediremos un concepto técnico al departamento de ingeniería” y así la idea tendrá su acta de defunción segura.

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Estas situaciones nos han llevado a la pregunta: ¿qué hacer para que lleves procesos de innovación en tu trabajo?

Fomenta la interacción

La innovación surge de la interacción. No es un proceso propio de seres solitarios que, iluminados por una gran idea, crean un producto o un servicio disruptivo. Por el contrario, todo acto de innovación es un proceso de creación colectiva que ha pasado por muchos debates, discusiones y mejoras. Picasso a este respecto decía: “Parto de una idea que al final se convierte en una cosa diferente”.

Los motores de la innovación son las conversaciones con sentido, aquellas que van hasta el fondo de los asuntos. Por esto, muchas empresas promueven talleres, sesiones y retiros que, mediante metodologías como el brainstorming o casos, buscan formas distintas de abordar sus problemas y plantear sus estrategias.

Experimenta sin miedos

La innovación surge de la experimentación. Todo proceso de innovación requiere de una mayor aceptación del riesgo al fracaso como algo natural y, en ocasiones, necesario para alcanzar los objetivos. Por ejemplo, Gore-Tex, una empresa muy famosa en Europa y Estados Unidos, tiene el concepto de la “línea de flotación” que consiste en imaginarse un barco al que se le pueden hacer agujeros, siempre y cuando estén por encima del nivel de flotación porque en caso contrario el barco se hunde. Este símil quiere decir que podemos experimentar en la medida en que no se ponga en riesgo la estabilidad del negocio.

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Hazte un fanático del aprendizaje

La innovación promueve el aprendizaje. La experiencia surge cuando reflexionamos sobre un asunto o cuando aprendemos de una situación concreta. Si no fuera así, no sería experiencia sino rutina. En este sentido, los errores y equivocaciones en las organizaciones son una fuente permanente de aprendizaje que necesitan de una mirada atenta para generar políticas y decisiones fruto de la ejecución. Huxley, escritor británico, decía que la experiencia no es lo que nos pasa, sino lo que hacemos con lo que nos pasa. John Browne, exCEO de BP convirtió esta simple idea en un dogma de su gestión y se lo recordaba a su gente todos los días: “cada vez que hacemos algo de nuevo, debemos cerciorarnos de hacerlo mejor que la última vez”.

Fomenta las redes y la gestión por proyectos

La innovación requiere de organizaciones en red. Uno de los obstáculos más grandes para la innovación son las empresas jerárquicas, funcionales y centradas en departamentos, que tienen su razón de ser en el control y el orden, pero con problemas como la burocracia, la lentitud y la rigidez. Este tipo de estructuras promueven una cultura del tipo de: “el que piensa y sabe es el jefe”, “ese asunto no es mi problema, para que complicarme la vida” y así la gente esperará que otros brinden las soluciones a los problemas. En cambio, las organizaciones en red promueven la cooperación y la colaboración sin importar la posición en el organigrama.

Cree infraestructura para la colaboración y las relaciones

La innovación requiere de una infraestructura para la creatividad. Un ambiente agradable y creativo hace producir ideas según la naturaleza de cada persona. Por ejemplo, Steve Jobs dedicó mucho tiempo al diseño de sus oficinas y, especialmente, al edificio de Pixar, espacio favorable para un ambiente de colaboración y comunicación. Otras empresas como Oticon, en Dinamarca, han prohibido los termos en sus puestos de trabajo y han promovido una “hora del café” para que la gente goce de espacios de interacción y conversación. Por ello observamos que las empresas que están a la vanguardia, como Google, son un modelo de espacios agradables para trabajar y capturar las ideas innovadoras de sus colaboradores.

Conclusión

La innovación requiere de un ambiente propicio en el que la gente pueda y quiera innovar. Para alcanzar una verdadera innovación, las personas deben desarrollar una gran actitud autodidacta, es decir, avidez por aprender, reflexionar, preguntarse y saber más: estar debajo del manzano y cuando caiga un fruto en la cabeza pensar en la gravedad y no que lo están pensando por M.

La innovación no es un cargo, una función ni una orden gerencial. Es una filosofía del trabajo en la que se destacan cinco ejes: la interacción, la experimentación, el aprendizaje, las redes y la infraestructura. Sin embargo, pese a la importancia de lo anterior, lo más determinante de la innovación en las empresas es que esté orientada a crear valor al cliente de una manera nueva, única y, en especial, que ayude a generar nuevas fuentes de ingresos. Una innovación desconectada del cliente corre el riesgo de convertirse en creatividad sin norte o ideas sofisticadas sin uso real.

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