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Opinión

  • | 2019/05/10 00:01

    Campus Party y el ejemplo para la innovación corporativa

    ¿Qué tipo de espacios se permiten en su organización para hacer realidad el discurso de la innovación?; y si no hace parte de una organización, ¿dónde encuentra esos espacios?

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Las ideas innovadoras tienen extrañas maneras de hacerse tangibles. Para algunos, llegan en la ducha, para otros mientras corren y para muchos más en aquel punto de clímax por estrés que saca la última gota de creatividad para no dejar fracasar los proyectos. Estos espacios son válidos, pero cuando se piensa en la innovación como un proceso para dar respuesta a un reto organizacional o de ciudad, lo aleatorio no siempre es la mejor opción.

Al pensar en un escenario de innovación saltan a la mente las imágenes de las oficinas de gigantes tecnológicos; pero en los rodaderos y las cafeterías abiertas no residen las bases de una cultura innovadora.

En 1997 nació en España lo que sería uno de los primeros campamentos masivos para los amantes de la tecnología; poco más de dos décadas después, el evento se celebra en 14 países y tiene a sus espaldas una comunidad de más de 630.000 jóvenes que, bajo carpas y escritorios, y con computadores no siempre tan portátiles, han hecho de Campus Party uno de los espacios más propicios para impulsar la innovación, el desarrollo tecnológico, la apropiación de la ciencia y la explosión focalizada de la creatividad, entre los jóvenes del mundo.

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“Soñadores, ‘demoledores’, creadores, pensadores. Queremos revolucionar el mundo con nuevas perspectivas y transformar el futuro”. Así se presenta la comunidad de campuseros y cuántas organizaciones al leer estas palabras no sueñan con que este sea el mantra de sus equipos de trabajo.

El secreto del Campus –y en gran medida de la evolución de las compañías– está en generar un espacio donde fluyan libres los aires de la innovación, pasando del simbólico discurso a propiciar la dura práctica.

El Campus es un modelo que ha inspirado no solo a múltiples otros eventos en todo el mundo, sino que a nivel corporativo se ha convertido en un referente sobre cómo generar espacios para la cocreación, la colaboración y la comunicación, principios básicos de la innovación no muy fáciles de poner en práctica en medio de cubículos.

Luego de cinco años sin realizarse en Colombia, un equipo completamente renovado, con MRomero como nueva licenciataria, trae de regreso el Campus a Colombia, con sus habituales arenas, villas y workshops, en una edición que en su agenda demuestra cómo los talentos locales están al nivel de pensadores globales.

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Pero más allá de las actividades que tradicionalmente se asocian con los campuseros –y que a veces son desdeñadas por los públicos más corporativos– el equipo organizador ha repensado el evento como un gran espacio de interacción entre drones y políticas públicas, el arte digital y el mundo FinTech.

Vivimos un momento de redefinición de nuestra sociedad y de nuestro papel como humanos digitales, y nada mejor que propiciar espacios de interacción de temas que tiempo atrás podrían sonar aislados pero que hoy se unen y retroalimentan.

El Campus Party de Bogotá será un laboratorio de práctica con 240 horas de contenido y más de 50.000 visitantes, y las organizaciones asistentes podrán aprender cómo los avasalladores pabellones de Corferias pueden convertirse en amigables espacios donde se hacen apuestas colectivas por encontrar soluciones a desafíos tan cotidianos que muchas veces pasamos por alto.

Todos los que creemos en la innovación y la evolución en contextos digitales quisiéramos tener en nuestras organizaciones la posibilidad de acabar con los muros y hacer los procesos tan eficientes como sabemos que podrían, pero a veces no nos damos cuenta que para ser innovador el problema es más de muros mentales que de estructuras físicas.

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Crear centros de innovación, centros de excelencia, laboratorios digitales o incubadoras de proyectos al interior de las organizaciones es una buena práctica, pero solo tiene sentido si la mentalidad de los colaboradores está alineada con una visión digital y de innovación.

Siempre es buen momento para ‘hackear el sistema’ y cambiar las prácticas habituales, esa sin duda es una premisa de los campuseros y un buen aprendizaje para el mundo corporativo; entonces, ¿cómo ‘hackeará’ sus propios sistemas?

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Más reflexiones sobre los impactos de la tecnología en la vida social, organizacional, económica y personal en @amolanor 

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