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| 8/24/2019 11:40:00 AM

El dinero de los hijos y su educación financiera

Antes hablamos sobre el porqué históricamente el dinero de las mujeres es considerado de menor valor que el del hombre. Algo bastante similar ocurre con el dinero utilizado por los hijos. Es considerado “menor” porque casi siempre se trata de cantidades pequeñas. Análisis de Salomón Raydan.

El dinero que se les entrega a los hijos, normalmente se hace en forma de “mesada”, pero, aunque en muchas ocasiones se les dice que ellos tienen libertad para administrarlos, la verdad es que, en la mayoría de los casos, estas mesadas están direccionadas o su uso pre-determinado por los padres. Los gastos que los hijos pueden realizar están preestablecidos por la voluntad de los padres.

Los hijos son simples ejecutores de presupuestos asignados por los padres, sin permitir que ellos puedan ejercer iniciativas propias. Esto no significa un verdadero “uso financiero del dinero” sino más bien, la ejecución de cantidades pre-establecidas por los pares.

La mesada bajo estas condiciones pocas veces es un instrumento real de educación financiera porque solo permite ejecutar un presupuesto. Pero si queremos desarrollar en nuestros hijos capacidades financieras más complejas, debemos darles mayor libertad. 

Otro aspecto importante en ese proceso educativo, es hablar frecuentemente de dinero, no hacer de ese tema algo exclusivo de los adultos y que los hijos lo perciban como algo en lo cual ellos no tienen injerencia. Padres e hijos se deben acostumbrar a hablar de dinero, del mismo modo que se deben acostumbrar a hablar de sexo o droga. Hablar familiarmente de dinero ayuda a que el mismo no sea percibido como un tema tabú, sino como un instrumento que hay que aprender a manejar eficientemente.

Lo que pasa es que, para muchos de nosotros adultos, el dinero es un elemento emocionalmente complejo y por lo tanto lo tratamos en nuestro núcleo familiar con esa misma complejidad emocional, convirtiendo en un tema secreto o inclusive tabú.

Una manera de introducir el tema a los hijos muy pequeños, es que cuando se salga de compras o de paseo con ellos, se le debe explicar por qué se compra en un sitio o en otro, por qué se escoge un producto y no otro. Hay que explicar la necesidad de combinar precio y calidad, hay que hablar de los precios de las cosas y referenciarlas a las cosas que le son familiares económicamente hablando. 

En la medida que van creciendo hay que hablar de los presupuestos familiares, de ingresos y egreso familiares porque eso ayuda a formar conciencia financiera. Si hay dificultades económicas, entonces hay que hablar de ellas abiertamente, pero no desde el miedo y la tragedia que puede tender a reforzar las personalidades financieramente temerosas o asustadizas, sino desde la realidad y las posibles estrategias que como familia deben emprender para superar esas dificultades.

En la medida en que el dinero sea menos oculto y más abiertamente tratado, sin rodearlo de complejidades emocionales, mayor oportunidad de que nuestros hijos desarrollen lo que llamo “realidad del dinero”, es decir conciencia de que el dinero es un instrumento de intercambio y que, como todo instrumento, se debe aprender a manejarlo. 

Permitir que el niño maneje un presupuesto a su antojo, aunque esto signifiquen cantidades muy pequeñas que usted de todos modos gastaría en él, sin comprometer su presupuesto familiar, permite comenzar a descubrir la “personalidad financiera de los hijos”, lo cual será muy importante para educarlos adecuadamente en este campo. Los hijos van a tender a utilizar el dinero desde muy temprana edad con la misma personalidad financiera que lo van a hacer de adultos. Las personalidades impulsivas para el gasto o ahorrativas o cobardes o filantrópicas o cualquier otra, se expresan tempranamente en la vida y es bueno que esa personalidad aflore para que usted como padre pueda reconocerla en los hijos y aprovechar las ventajas que tiene cada una de ellas, así como modificar o desechar sus desventajas. Es importante tratar de entender –y asumir- la personalidad económica de los hijos (y la nuestra también) pues eso nos guiará mucho en qué hacer para educarlos financieramente.

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